Amor y amistad
Amor y amistad El señor Dudley, que era el hijo menor de una familia muy aristocrática, de una familia más conocida por su orgullo que por su opulencia, firme defensora de su dignidad y celosa de sus derechos, se pasaba el día discutiendo, si no con la misma señora Percival, sí con su administrador y sus arrendatarios sobre diezmos, y con el resto de sus principales vecinos sobre las muestras de respeto que según él le debían. Su esposa, una mujer inculta y maleducada que pertenecía a una familia de rancio abolengo, estaba orgullosa de su familia casi sin saber por qué y, como su marido, era altanera y discutía sin saber por qué razón. Su única hija, que había heredado la ignorancia, la insolencia y el orgullo de sus padres, tenía una belleza por la cual daba muestras de una ridícula vanidad. Aquellos la consideraban una criatura irresistible y la educaban como a la persona que les devolvería, por medio de un matrimonio espléndido, la dignidad de su situación ahora disminuida, una situación que, por ejemplo, obligaba al señor Dudley a vivir en el campo. Los señores Dudley despreciaban a los Percival por ser una familia de rango inferior y al mismo tiempo los envidiaban por su fortuna; sentían celos al ver cómo la gente les respetaba más que a ellos y, mientras pretendían tratarles como a gente insignificante, se esforzaban por rebajar la opinión de que gozaban en la vecindad, por medio de comentarios falsos y maliciosos.