Amor y amistad
Amor y amistad Como Kitty sabÃa bien, su tÃa no podrÃa responder a este discurso. Efectivamente, la señora Percival se levantó de inmediato y, angustiada por las aprensiones relativas a su propia salud, olvidó por el momento toda su preocupación por su sobrina, que caminaba tranquilamente a su lado, dando vueltas en su interior al acontecimiento que habÃa causado tanta alarma en su tÃa.
—Estoy sorprendida por mi imprudencia —dijo la señora Percival—. ¿Cómo he podido ser tan descuidada y me he podido sentar fuera de casa a esta hora de la noche? Seguro que volveré a padecer reumatismo. Ya empiezo a sentir frÃo. Debo de haber cogido un resfriado. Estoy segura que tendré que pasarme el invierno en la cama después de esto. Y contando con los dedos, añadió: —Veamos, estamos en julio. El frÃo llegará en seguida. Agosto, septiembre, octubre, noviembre, diciembre, enero, febrero, marzo, abril… Seguramente no volveré a estar bien antes de mayo. Tengo que ordenar que derriben ese cenador y eso es lo que haré. Va a terminar por matarme. Quién sabe, quizá nunca me recupere. Cosas asà han pasado. La muerte de mi Ãntima amiga, la señorita Sarah Hutchinson, no se debió a otra cosa. Una tarde de abril se quedó fuera hasta tarde y como llovió fuerte y no se cambió de ropa al volver a casa cogió frÃo. ¡Realmente no se sabe cuántas personas han muerto por haber cogido frÃo! Creo que, salvo la viruela, no hay un desorden en el mundo que no nazca de ahÃ.