Emma
Emma —Henry es muy buen chico, pero John es igual que su mamá. Henry es el mayor, y le pusieron mi nombre, no el de su padre. Y a John, el segundo, le pusieron el nombre de su padre. Supongo que hay gente que se extraña de que no sea el mayor quien se llame asÃ, pero Isabella prefirió que se llamara Henry, y a mà me pareció un rasgo muy bonito por su parte. Y es un chico muy inteligente, ¿eh? Los dos son muy inteligentes; ¡y tienen cada salida… ! Un dÃa se acercaron a mi sillón y me dijeron: «Abuelito, ¿quieres darme un trozo de cordel?», y una vez Henry me pidió una navaja, pero yo le dije que las navajas sólo eran para los abuelitos. Me parece que su padre suele ser demasiado duro con ellos.
—A ti te parece duro —dijo Emma— porque tú eres demasiado blando; pero si pudieras compararle con otros padres no te parecerÃa duro. Él quiere que sus hijos sean trabajadores y decididos; y cuando de vez en cuando se descarrÃan, tiene que pararles los pies con alguna palabra enérgica; pero es un padre muy cariñoso… ¡y tanto como es un padre cariñoso el señor John Knightley! Los dos niños le adoran.
—Y luego llega su tÃo, y los lanza al aire de un modo que asusta, y casi les hace tocar el techo.
—Pero, papá, a ellos les gusta; es lo que les gusta más de todo. Les divierte tanto que si su tÃo no hubiera impuesto la norma de que deben turnarse, cuando empieza con uno nunca querrÃa ceder su sitio al otro.