Emma
Emma —Bueno, pues eso yo no lo entiendo.
—Papá, eso nos ocurre a todos. La mitad del mundo es incapaz de entender las diversiones de la otra mitad.
A última hora de la mañana, ya cuando las jóvenes iban a separarse para preparar la habitual comida de las cuatro, el héroe de aquella inimitable charada volvió a pasar por la casa. Harriet volvió el rostro; pero Emma le recibió con la sonrisa de siempre, y su perspicaz mirada no tardó en advertir que él era consciente de haber jugado una baza importante… de haberse arriesgado a echar los dados sobre la mesa; y supuso que venÃa a ver si la suerte le habÃa favorecido. Sin embargo, el pretexto de su visita era el de preguntar si podÃan prescindir de él en la reunión de aquella noche, en casa del señor Woodhouse, o si es que era absolutamente necesaria su presencia en Hartfield. De ser asÃ, dejarÃa de lado todo lo demás. Pero en caso contrario, su amigo Cole habÃa insistido tanto en que cenara con él… habÃa puesto tanto interés en ello, que le habÃa prometido, aunque condicionalmente, que acudirÃa a su casa.
Emma le dio las gracias, pero no consintió que desatendiese a su amigo por causa suya; sin duda su padre podrÃa encontrar otro jugador. Pero insistió… ella rehusó de nuevo; y cuando el joven se disponÃa ya a iniciar la reverencia para despedirse, Emma cogió la hoja de papel que estaba encima de la mesa y se la devolvió.