Emma
Emma —Cómo siento oÃrte decir eso, papá; pero te aseguro que, exceptuando aquellas jaquecas nerviosas y las palpitaciones que tengo en todas partes, me encuentro perfectamente bien; y si los niños estaban un poco pálidos antes de acostarse era sólo porque estaban más cansados que de costumbre, debido al viaje y a las emociones de llegar a Hartfield. ConfÃo en que mañana les verás con mejor aspecto; porque te aseguro que el señor Wingfield me ha dicho que nunca nos habÃa mandado al campo con mejor salud. Por lo menos espero que no tengas la impresión de que mi marido parece enfermo —dijo volviendo la mirada con afectuosa ansiedad hacia el señor Knightley.
—Pues asà asÃ, querida; contigo no voy a hacer cumplidos. En mi opinión, el señor John Knightley está lejos de tener un aspecto saludable.
—¿Qué ocurre? ¿Hablabais de mÃ? —preguntó el señor John Knightley al oÃr pronunciar su nombre.
—Querido, siento decirte que mi padre no te encuentra un aspecto saludable… pero espero que sólo sea porque estás un poco cansado. A pesar de todo ya sabes que te dije que me hubiera gustado que el señor Wingfield te visitara antes de salir de Londres.
—Querida Isabella —exclamó él con impaciencia—, te ruego que no te preocupes por mi aspecto. Confórmate con mimar y medicinar a los niños y a ti misma y déjame tener el aspecto que quiera.