Emma
Emma —SÃ, querida, pero si querÃais tomar baños podÃais haber ido a Cromer; Perry hace tiempo que pasó una semana en Cromer y considera el lugar como el mejor de todos para los baños de mar. Tiene una playa grande y hermosa, y dice que allà el aire es muy puro. Y por lo que he oÃdo decir, allà podrÃais alojaros bastante lejos del mar, a un cuarto de milla de distancia… y con todas las comodidades. DeberÃais consultarlo con Perry.
—Pero, papá querido, piensa que eso está mucho más lejos; tendrÃamos que hacer un viaje larguÃsimo… Cien millas por lo menos, en vez de cuarenta.
—¡Ay, querida! Como dice Perry, cuando se trata de la salud, no debe tenerse en cuenta nada más; y si hay que viajar, tanto da recorrer cuarenta millas como cien… Es mejor no moverse de casa, es mejor quedarse en Londres que recorrer cuarenta millas para ir a buscar un aire que es peor que el de la ciudad. Eso fue exactamente lo que dijo Perry. A su entender vuestra decisión no podÃa ser más equivocada.
Los esfuerzos de Emma por hacer callar a su padre fueron en vano; y cuando las cosas llegaban a este punto a Emma ya no le extrañaba que su cuñado interviniera.