Emma
Emma —Sólo una más, papá; sólo para el señor Elton. ¡Pobre señor Elton! Tú aprecias al señor Elton, papá… Tengo que buscarle esposa. No hay nadie en Highbury que le merezca… y ya lleva aquà todo un año, y ha arreglado su casa de un modo tan confortable que serÃa una lástima que siguiera soltero por más tiempo… y hoy me ha parecido que cuando les juntaba las manos ponÃa cara de que le hubiese gustado mucho que alguien hiciera lo mismo con él. Yo aprecio mucho al señor Elton, y ése es el único medio que tengo de hacerle un favor.
—Desde luego, el señor Elton es un joven muy agraciado y un hombre excelente, y yo le tengo en gran aprecio. Pero, querida, si quieres tener una deferencia para con él es mejor que le pidas que venga a cenar con nosotros cualquier dÃa. Eso será mucho mejor. Y confÃo que el señor Knightley será tan amable como para acompañarnos.
—Con muchÃsimo gusto, siempre que usted lo desee —dijo riendo el señor Knightley—; y estoy totalmente de acuerdo con usted en que eso será mucho mejor. InvÃtele a cenar, Emma, y muéstrele todo su afecto con el pescado y el pollo, pero deje que sea él mismo quien se elija esposa. Créame, un hombre de veintiséis o veintisiete años ya sabe cuidar de sà mismo.