Emma
Emma Ésta era la historia de Jane Fairfax. Había caído en buenas manos, los Campbell no habían tenido más que bondades para con ella y se le había dado una excelente educación. Viviendo constantemente con personas de recto criterio y cultivadas, su corazón y su entendimiento se habían beneficiado de todas las ventajas de la disciplina y de la cultura; y como el coronel Campbell residía en Londres, sus aptitudes más descollantes habían podido ser plenamente cultivadas gracias al concurso de los mejores maestros. Sus facultades y su capacidad eran también dignos de todo lo que aquella amistad pudiera ofrecerle; y a los dieciocho o diecinueve años era ya, dentro de lo que a una edad tan temprana se puede estar capacitado para enseñar a los niños, muy competente en cuestiones de enseñanza; pero la querían demasiado para que permitiesen que se separara de ellos. Ni el padre ni la madre tuvieron valor para proponerlo, y la hija no hubiera podido soportar una separación. El día funesto fue, pues, aplazado. Fue fácil encontrar la excusa de que era aún demasiado joven; y Jane siguió viviendo con ellos, participando como una hija más en los honestos recreos de la sociedad elegante, y disfrutando de una juiciosa mezcla de vida hogareña y de diversiones, sin más preocupación que la de su porvenir, ya que su buen sentido no podía por menos de recordarle prudentemente que todo aquello no tardaría en terminarse.