Emma
Emma —¡Qué lástima que sus medios sean tan escasos! ¡La verdad es que me dan mucha pena! Y muchas veces he querido hacerles algún regalo, algo pequeño, sin gran importancia, pero de lo que no hay corrientemente… ¡pero es tan poco lo que uno puede arriesgarse a hacer! Ahora hemos matado un cerdo, y Emma piensa enviarles lomo o un jamón… Es un regalo de poco valor, pero exquisito… Los cerdos de Hartfield no pueden compararse con ningún otro… pero, a pesar de todo es cerdo… y, mi querida Emma, si no podemos estar seguros de que van a cortarlo en tajadas, bien fritas, como las freÃmos nosotros, quitando toda la grasa, y sin asarlo, porque no hay estómago que resista el cerdo asado… me parece que serÃa mejor que les enviáramos el jamón, ¿no crees, querida?
—Mi querido papá, les he enviado todo un cuarto trasero. Ya sabÃa que éste era tu deseo. El jamón tendrán que salarlo, ya lo sabes, y es riquÃsimo, y el lomo pueden comérselo como quieran.
—Has hecho muy bien, querida… muy bien. Yo no sabÃa nada de esto, pero era lo mejor que podÃa hacerse. Pero el jamón que no lo salen demasiado; y si no está demasiado salado y queda bien hervido, como Serle nos hierve los nuestros, si se come con mucha moderación acompañándolo de nabos hervidos y un poco de zanahoria o de chirivÃa, no creo que pueda hacerles daño.