Emma
Emma —¿Si la he oÃdo tocar? —exclamó Emma—. Olvida usted que ha pasado muchas temporadas en Highbury. La he oÃdo todos y cada uno de los años de nuestra vida desde que las dos empezamos a estudiar música. Toca de una manera encantadora.
—¿De veras lo cree asÃ? TenÃa interés por conocer la opinión de alguien que pudiera juzgar con conocimiento de causa. A mà me parecÃa que tocaba bien, es decir, con mucho gusto, pero yo no entiendo nada en estas cuestiones… Soy muy aficionado a la música, pero me considero un profano, y no me creo con derecho a juzgar a nadie… Siempre que la oÃa tocar me quedaba admirado; y recuerdo una ocasión en que vi que la consideraban como una buena intérprete: un caballero muy entendido en música, y que estaba enamorado de otra dama… estaban prometidos y faltaba poco para la boda… pues este señor siempre preferÃa que fuera la señorita Fairfax la que se sentara a tocar en vez de su prometida… nunca parecÃa tener interés en oÃr a la una si podÃa oÃr a la otra. Eso en un hombre muy entendido en música, yo consideré que significaba algo.
—Pues claro que sà —dijo Emma muy divertida—. El señor Dixon entiende mucho de música, ¿verdad? Vamos a enterarnos de más cosas de todos ellos en media hora gracias a usted que las que en medio año la señorita Fairfax se hubiera dignado a decirnos.