Emma
Emma —Tanto mejor… o tanto peor… No lo sé. Pero, tanto si era por dulzura de carácter como por tonterÃa, porque siente intensamente la amistad o porque es corta de luces, a mi entender habÃa una persona que deberÃa haberse dado cuenta de ello: la propia señorita Fairfax. Era ella quien debÃa advertir lo impropio y lo peligroso de las distinciones de que era objeto.
—Por lo que a ella se refiere, no creo que…
—Oh, no crea que espero que usted o cualquiera otra persona me describa cuáles son los sentimientos de la señorita Fairfax. Ya supongo que nadie puede conocerlos, excepto ella misma. Pero si seguÃa tocando siempre que se lo pedÃa el señor Dixon, cada cual puede suponer lo que quiera.
—En apariencia todos parecÃan vivir en muy buena armonÃa —empezó a decir rápidamente, pero en seguida añadió como corrigiéndose—: aunque me serÃa imposible decir exactamente en qué términos se hallaba su amistad… todo lo que pudiera haber detrás de estas apariencias. Lo único que puedo decir es que exteriormente no parecÃa haber dificultades. Pero usted que ha conocido a la señorita Fairfax desde niña, debe de tener más elementos que yo para juzgarla y para adivinar cómo puede llegar a conducirse en una situación crÃtica.