Emma
Emma El joven estuvo totalmente de acuerdo con ella; y después de haberse paseado juntos durante largo rato y de haber advertido que coincidían en muchas cosas, Emma se sintió tan familiarizada con su acompañante que apenas podía creer que era sólo la segunda vez que le veía. No era exactamente como ella había esperado; era menos mundano en algunas de sus ideas, menos niño mimado de la fortuna, y por lo tanto mejor de lo que ella esperaba. Sus ideas parecían más moderadas, sus sentimientos más efusivos. Lo que más la sorprendió fue su actitud ante la casa del señor Elton, que al igual que la iglesia estuvo contemplando por todos los lados, sin que les diera la razón en encontrarle demasiados defectos. No, él no estaba de acuerdo en que aquella casa tuviera tantos inconvenientes; no era una casa como para compadecer a su dueño. Si tuviera que ser compartida con la mujer amada, en su opinión ningún hombre podía ser compadecido por vivir allí. Forzosamente debía tener habitaciones grandes que serían realmente cómodas. El hombre que necesitase algo más tenía que ser un necio.