Emma
Emma —SÃ, sÃ, Frank; ve a buscar a la señorita Bates, y terminemos de una vez con este asunto. Estoy seguro de que le entusiasmará la idea; y no conozco a ninguna persona más indicada que ella para ayudarnos a resolver estas dificultades. Ve a buscar a la señorita Bates. Nos estamos poniendo demasiado escrupulosos. Ella es una lección viviente de cómo ser feliz. Pero trae a las dos. Diles a las dos que vengan.
—¿Las dos? ¿Aquella señora anciana…?
—¿Qué anciana? ¡No, hombre, no, te estoy hablando de la joven! Te consideraré un zoquete si traes a la tÃa sin la sobrina.
—¡Oh, comprendido, comprendido! Al principio no lo habÃa captado. Pues, desde luego, si lo prefiere asà intentaré convencerlas a las dos para que vengan.