Emma
Emma Y salió rápidamente. Mucho antes de que regresara acompañando a la menuda, pulcra y vivaz tía, y a su elegante sobrina, la señora Weston, como mujer equilibrada y como buena esposa, había vuelto a examinar las condiciones del corredor, y advirtió que sus inconvenientes eran mucho menores de lo que antes había supuesto… la verdad es qué casi insignificantes; y aquí terminaron las dificultades para tomar una decisión. Todo lo demás, por lo menos en teoría, no presentaba ningún problema. Los detalles complementarios de la mesa y las sillas, las luces y la música, el té y la cena, se resolverían solos; o se dejaron de lado como nimiedades, a resolver en cualquier momento entre la señora Weston y la señora Stokes… No cabía duda de que todos los invitados iban a asistir; Frank ya había escrito a Enscombe, proponiendo prolongar su estancia en Highbury durante unos cuantos días más de las dos semanas acordadas, y no era posible que se negaran a complacerle. Iba, pues, a celebrarse un magnífico baile.