Emma
Emma Cuando llegó, la señorita Bates se declaró totalmente de acuerdo con todo lo que le propusieron. Ya no se requerÃa su ayuda para dar ideas; pero para aprobarlas (y en ese aspecto era mucho más de fiar) fue acogida con toda cordialidad. Su aprobación, que fue total e inmediata, circunstanciada, calurosa e incesante, no podÃa por menos de complacer a todos; y durante media hora más estuvieron yendo de un lado a otro de las diferentes salas, los unos haciendo sugerencias, los otros recibiéndolas y todos gozando ya de antemano de la alegre reunión que se estaba organizando. El grupo no se disolvió sin que Emma no hubiese prometido en firme al héroe de la velada los dos primeros bailes, ni sin que el señor Weston, que la habÃa oÃdo por casualidad, murmurase al oÃdo de su esposa:
—Se los ha pedido a ella, querida. La cosa marcha. ¡Ya sabÃa ya que lo harÃa!