Emma
Emma La señora Weston anticipó a Emma lo esencial de la carta en una nota que se apresuró a enviarle. En cuanto a la partida del joven era inevitable. Debía partir al cabo de pocas horas, aunque sin sentir ni la menor alarma por el estado de su tía que pudiera contrarrestar su repugnancia a irse. Ya conocía sus enfermedades, que sólo se presentaban cuando le convenía.
La señora Weston añadía que «Frank sólo tendrá tiempo de pasar un momento por Highbury, después de desayunar, para despedirse de los pocos amigos que supone que sienten algún interés por él; de modo que no tardará mucho en aparecer por Hartfield».
Esta triste nota llegó a las manos de Emma cuando terminaba de desayunar. Una vez la hubo leído no pudo por menos de lamentarse de su mala suerte. Adiós al baile… adiós al joven… ¡y cómo debía de sentirlo Frank Churchill! ¡Era demasiada mala suerte! ¡Una fiesta tan maravillosa como hubiera sido! ¡Todo el mundo hubiese sido tan feliz! ¡Y ella y su pareja los más felices de todos!
—¡Yo ya dije que pasaría eso! —fue su único consuelo.