Emma
Emma Mientras, su padre se preocupaba por cosas totalmente distintas; pensaba sobre todo en la enfermedad de la señora Churchill, y querÃa saber qué tratamiento seguÃa; y en cuanto al baile, sentÃa que su querida Emma hubiese tenido aquella desilusión; pero estarÃan más seguros quedándose en casa.
Emma estaba ya dispuesta a recibir a su visitante un rato antes de que éste apareciera; pero si su tardanza no decÃa mucho en favor de su impaciencia por verla, su aire apenado y el absoluto desánimo que reflejaba su rostro cuando llegó, bastaban para que se le perdonara. Su marcha entristecÃa demasiado al joven para que quisiera hablar de ella. Su abatimiento era evidente. Durante unos minutos permaneció en silencio, sin saber qué decir; y cuando logró dominarse, fue sólo para comentar:
—De todas las cosas horribles, la peor es una despedida.
—Pero volverá usted —dijo Emma—. Esta no será la única visita que haga a Randalls.
—¡Ah! —dijo cabeceando tristemente—, ¡es tan incierto el dÃa en que podré regresar! Pondré de mi parte todo lo posible… No pensaré en nada más, ni me ocuparé de otra cosa, se lo aseguro… y si mis tÃos van a Londres esta primavera… pero temo… la primavera pasada no salieron de Enscombe… temo que ésta sea una costumbre que haya desaparecido para siempre.