Emma
Emma —O sea que hay que abandonar la idea de nuestro pobre baile…
—¡Ah! El baile… ¿Por qué hemos puesto nuestra ilusión en una esperanza? ¿Por qué no aprovechamos la felicidad cuando pasa por nuestro lado? ¡Cuántas veces la dicha queda destruida por los preparativos, los necios preparativos! Usted ya dijo que pasarÃa esto… ¡Oh, señorita Woodhouse! ¿Por qué tiene usted siempre tanta razón?
—Le aseguro que en este caso siento mucho haber tenido razón. Hubiese preferido mucho más no tenerla y ser feliz.
—Si puedo volver, celebraremos nuestro baile. Mi padre no abandona la idea. Y usted no olvide lo que me prometió.
Emma sonrió halagada, y él siguió diciendo:
—¡Qué dos semanas hemos tenido! ¡Cada dÃa más radiante y más maravilloso que el dÃa anterior! Cada dÃa haciéndome más incapaz de soportar la vida en cualquier otro sitio. ¡Felices los que pueden quedarse en Highbury!