Emma
Emma —Sà —replicó Harriet rápidamente—, y no le faltaba razón, es muy difÃcil tener oportunidades como ésta. Bueno, yo les deseo de todo corazón que sean felices. Y ahora, Emma, me parece que no volverá a preocuparme el verlos. Él está tan por encima de mà como antes; pero, ya sabes, estando casado es algo totalmente distinto. No, no, Emma, te aseguro que no tienes por qué tener miedo. Ahora puedo admirarle sin sentirme muy desgraciada. Saber que ha encontrado la felicidad ¡es un consuelo tan grande! Ella me parece una joven encantadora, justo lo que él merece. ¡Dichosa de ella! Él la llama «Augusta». ¡Cuánta felicidad!