Emma
Emma —¡Oh, no, claro que no, desde luego que no! Tengo que protestar de una idea tan elogiosa. ¡Una intérprete de primera categorÃa! Le aseguro que estoy muy lejos de serlo. Su información debe de proceder de alguien muy parcial. Soy enormemente aficionada a la música, eso sÃ… es una verdadera pasión; y mis amigos dicen que no dejo de tener cierto gusto para tocar el piano; pero en cuanto a algo más, le doy mi palabra de que toco de un modo completamente mediocre. Usted en cambio, señorita Woodhouse, sé muy bien que toca maravillosamente. Le aseguro que para mà ha sido una gran satisfacción, un consuelo y una alegrÃa saber que entraba a formar parte de una sociedad tan melómana. Sin música yo no puedo vivir. Es algo absolutamente necesario para mi vida, y como siempre he vivido entre personas muy aficionadas a la música, tanto en Maple Grove como en Bath, prescindir de ella hubiese sido para mà un sacrificio muy penoso. Eso fue lo que le dije con toda sinceridad al señor E. cuando él hablaba de mi futuro hogar y expresaba sus temores de que me fuera poco agradable vivir en un lugar tan retirado; y también en lo referente a la humildad de la casa… Sabiendo a lo que yo habÃa estado acostumbrada… Por supuesto que no dejaba de tener ciertos temores. Cuando él me planteó las cosas de ese modo yo le dije sinceramente que no tenÃa inconveniente de abandonar el mundo (fiestas, bailes, teatros) porque no tenÃa miedo a la vida retirada. Al estar dotada de tantos recursos interiores el mundo no me era necesario. PodÃa pasarme muy bien sin él. Para los que no tienen esos recursos es muy distinto; pero mis recursos me hacen completamente independiente. Y en cuanto a lo de que las habitaciones fuesen más pequeñas de lo que yo estaba acostumbrada, en realidad no consideré ni que valÃa la pena tenerlo en cuenta. Yo sabÃa que iba a sentirme perfectamente bien incluso sacrificando algunas de aquellas comodidades. Desde luego en Maple Grove estaba acostumbrada a tener todos los lujos; pero yo le aseguré que tener dos coches no era algo necesario para mi felicidad, como tampoco disponer de alcobas muy espaciosas. «Pero», le dije, «para ser totalmente sincera, no creo que pueda vivir sin tratar a personas aficionadas a la música. No pongo ninguna otra condición; pero sin música para mà la vida estarÃa vacÃa».