Emma
Emma —No creo —dijo Emma sonriendo— que el señor Elton dudase ni un momento antes de asegurarle que iba usted a encontrar en Highbury una gran afición a la música; y confÃo en que no considerará usted que exageró más de lo que puede ser disculpable, teniendo en cuenta los motivos que le impulsaron.
—No, de verdad que sobre este particular no tengo la menor duda. Estoy encantada de encontrarme entre personas como ustedes. ConfÃo en que organizaremos juntas muchos y deliciosos pequeños conciertos. Mi opinión, señorita Woodhouse, es que usted y yo deberÃamos formar un club musical y celebrar reuniones regulares cada semana en su casa o en la nuestra. ¿No serÃa una buena idea? Si nosotras nos lo propusiéramos creo que no tardarÃamos mucho en tener quien nos siguiese. Para mÃ, algo por el estilo me serÃa muy provechoso, como estÃmulo para no dejar de hacer prácticas; porque las mujeres casadas, ya sabe usted… en general es la triste historia de siempre. Es tan fácil ceder a la tentación de abandonar la música…
—Pero usted, que es tan aficionada… sin duda no corre este peligro.