Emma
Emma —¡Qué mujer más insufrible! —fue su exclamación inmediata. Peor de lo que habÃa supuesto. ¡Totalmente insoportable! ¡Knightley! Si no lo oigo no lo creo ¡Knightley! ¡En su vida le habÃa visto y le llama Knightley! ¡Y descubre que es un caballero! Una advenediza cualquiera, un ser vulgar, con su señor E. y su caro sposo, Y sus «recursos», y todo su aire de pretensión fatua y de refinamiento postizo. ¡Descubrir ahora que el señor Knightley es un caballero! Dudo mucho que él le devuelva el cumplido y descubra que es una dama. ¡Es algo increÃble! ¡Y proponer que ella y yo formáramos un club musical! ¡Como si fuéramos amigas de la infancia! ¡Y la señora Weston! ¡Se ha quedado maravillada de que la persona que me educó a mà sea una gran dama! Peor que peor. En mi vida habÃa visto nada parecido. Esto va mucho más allá de lo que yo imaginaba. No puede ni compararse con Harriet. ¡Oh! ¿Qué hubiese dicho de ella Frank Churchill si hubiese estado aquÃ? ¡Cómo se hubiese indignado y también divertido! ¡Ah!, ya vuelvo a estar en lo mismo… pensar en él es lo primero que se me ocurre. ¡Siempre la primera persona en quien se me ocurre pensar! Yo misma me sorprendo en falta. ¡Frank Churchill vuelve con tanta frecuencia al recuerdo…!