Emma
Emma —Sà —replicó él—, todo el mundo sabe que tengo muy buena opinión de ella.
—Y a lo mejor —dijo Emma rápidamente mirándole con intención, e interrumpiéndose en seguida… pero era preferible saber lo peor cuanto antes… de modo que siguió diciendo muy aprisa—: Y a lo mejor ni siquiera usted mismo se ha dado cuenta del todo de hasta qué punto la aprecia. Tal vez un dÃa u otro le sorprenda a usted mismo el alcance de su admiración.
El señor Knightley estaba muy ocupado con los botones inferiores de sus gruesas polainas de cuero, y ya fuera por el esfuerzo que hacÃa al abrochárselos, ya por cualquier otro motivo, cuando replicó se le habÃan subido los colores a la cara.
—¡Oh! ¿Pero aún estamos as� Anda usted lamentablemente atrasada de noticias. El señor Cole me sugirió algo de eso hace ya seis semanas.
Se interrumpió de momento… Emma sentÃa que el pie de la señora Weston apretaba el suyo, y estaba tan desconcertada que no sabÃa qué pensar. Al cabo de un momento el señor Knightley prosiguió:
—Sin embargo, puedo asegurarle que eso no ocurrirá jamás. Me atreverÃa a asegurar que la señorita Fairfax no me aceptarÃa si yo pidiese su mano… Y estoy completamente seguro de que nunca la pediré.
Emma devolvió rápidamente con el pie la señal a su amiga; y quedó tan satisfecha que exclamó: