Emma
Emma Todas las invitaciones fueron aceptadas. Nadie tenÃa otro compromiso y todos estaban encantados de asistir… Sin embargo todavÃa surgieron inconvenientes en los preparativos de la cena. Se dio una circunstancia en principio poco grata. Se habÃa acordado que los dos hijos mayores del señor Knightley hicieran aquella primavera una visita de varias semanas a su abuelo y a su tÃa, y su padre ahora propuso traerlos, sin que él pudiera permanecer en Hartfield más que un dÃa… precisamente el mismo dÃa en que iba a celebrarse la cena. Sus ocupaciones profesionales no le permitÃan cambiar la fecha, pero padre e hija quedaron muy contrariados de que las cosas ocurrieran asÃ. El señor Woodhouse consideraba que ocho personas en una cena era lo máximo que sus nervios podÃan soportar… y tendrÃa que haber nueve… y Emma pensaba que el noveno invitado estarÃa de muy mal humor ante el hecho de que no podÃa ir a Hartfield ni por cuarenta y ocho horas sin encontrarse con una cena o una fiesta.
Consoló a su padre mejor de lo que podÃa consolarse a sà misma, haciéndole ver que aunque evidentemente serÃan nueve en vez de ocho, su yerno hablaba tan poco que el aumento de ruido serÃa casi imperceptible. En el fondo pensaba que ella saldrÃa perdiendo con el cambio, ya que el lugar del señor Knightley lo ocuparÃa su hermano, con su seriedad y su poca afición a hablar.