Emma
Emma —ConfÃo —dijo inmediatamente— en que no he sido demasiado severo al juzgar a la pobre señora Churchill. Si está enferma, sentirÃa mucho ser injusto con ella; pero hay ciertos rasgos de su carácter que me hacen difÃcil hablar de ella con la comprensión que yo desearÃa. No debe usted de ignorar, señora Elton, las relaciones que he tenido con esta familia, ni la clase de trato que me han dispensado; y, entre nosotros, toda la culpa sólo puede atribuÃrsele a ella. Ella fue la instigadora. De no ser por ella, la madre de Frank nunca hubiera sido menospreciada en la forma en que lo fue. El señor Churchill tiene mucho orgullo; pero su orgullo no es nada comparado con el de su esposa; el de él es un orgullo pacÃfico, indolente, caballeroso, que no hace daño a nadie, y que sólo contribuye a hacerle un poco más desamparado y aburrido; ¡pero el orgullo de ella es arrogancia e insolencia! Y lo que lo hace aún más insoportable es que no tiene ningún fundamento de nobleza de familia o de sangre. Cuando se casó con él no era nadie, simplemente la hija de un caballero; pero una vez se hubo convertido en una Churchill, sobrepasó a todos los Churchill en altanerÃa y en grandes pretensiones; pero en realidad puede usted estar segura de que no es más que una advenediza.