Emma
Emma —Y yo le aseguro, señor Weston, de que no tengo casi ninguna duda de que mi opinión le será francamente favorable. ¡He oÃdo hacer tantos elogios del señor Frank Churchill…! De todas maneras, me veo en el deber de advertirle que yo soy una de esas personas que siempre juzgan por sà mismas y que en modo alguno se dejan guiar por el criterio de los demás. Le advierto que la opinión que forme de su hijo responderá a mi criterio personal… No me gusta adular a nadie…
El señor Weston estaba meditabundo.