Emma

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—Acaba usted de mencionar el mes de mayo. Mayo es precisamente el mes que la señora Churchill tiene que pasar, según le han aconsejado, o se ha aconsejado a sí misma, en un lugar más cálido que Enscombe… en resumen, que tiene que pasar en Londres; y de este modo tenemos la grata perspectiva de que Frank nos haga frecuentes visitas durante toda la primavera… precisamente la estación del año que hubiéramos elegido de haberlo podido hacer; cuando los días son muy largos, la temperatura es suave y agradable, todo invita a estar al aire libre y no hace demasiado calor para hacer ejercicio. Cuando estuvo aquí la otra vez se hizo lo que se pudo; pero había humedad, llovió y el tiempo era desapacible; como suele serlo en febrero, ya sabe usted; y no pudimos hacer ni la mitad de las cosas que proyectábamos. Ahora será la época más adecuada. Vamos a pasarlo muy bien. Y yo no sé, señora Elton, si la inseguridad de sus visitas, esa especie de constante espera, no saber si llegará hoy o mañana ni a qué hora, no sé, le decía, si esto dará más alicientes a nuestra felicidad que si le tuviéramos siempre en casa. Creo que sí. Creo que en este estado de ánimo vamos a disfrutar más de su compañía. Confío en que encontrará usted agradable a mi hijo; pero no debe esperar ningún prodigio. Suele considerársele como un joven de grandes prendas, pero no espere usted ningún prodigio. La señora Weston siente un gran afecto por él, lo cual, como puede usted suponer, me halaga mucho. Mi esposa cree que no hay nadie que pueda comparársele.


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