Emma
Emma Su conversación fue interrumpida. Se estaba sirviendo el té y el señor Weston, como ya había dicho todo lo que quería decir, no tardó en aprovechar la oportunidad de dejar a la señora Elton.
Después del té, el señor y la señora Weston y el señor Elton se pusieron a jugar a las cartas con el señor Woodhouse. Las cinco personas restantes fueron abandonadas a sus propios recursos, y Emma dudó de que pudieran componérselas medianamente bien, ya que el señor Knightley parecía poco dispuesto a conversar; la señora Elton buscaba alguien que le prestase atención, y como nadie mostraba deseos de hacerlo, se sentía tan desairada que prefería encerrarse en su mutismo.
En cambio el señor John Knightley parecía más comunicativo que su hermano. Iba a marcharse al día siguiente por la mañana; y empezó diciendo:
—Bueno, Emma, creo que ya no tengo nada más que decirte sobre los niños; pero ya te he dado la carta de tu hermana y podemos estar seguros de que allí todo se explica con los menores detalles. Mis recomendaciones son mucho más breves que las suyas, y probablemente no coincidirán con las de ella; todo lo que quisiera pedirte es que no los miméis mucho ni les deis demasiados potingues.