Emma
Emma —¡Ah, pero quizá tenga una dificultad! No sé… pero tengo la impresión de que son_ muy pocas para usted… Sólo tres a la vez.
La señorita Bates, engañada por la ceremoniosidad burlona de su expresión, no captó inmediatamente el significado de aquello; pero al comprenderlo, aunque no se enojó, un leve rubor demostró que no habÃa dejado de herirla.
—¡Ah…! Bueno… sÃ, sÃ, desde luego. Ya entiendo lo que quiere decir —volviéndose hacia el señor Knightley—, y haré lo posible por morderme la lengua. Debo de hacerme muy pesada, de lo contrario Emma no habrÃa dicho una cosa asà a una antigua amiga.
—Me gusta su propuesta —exclamó el señor Weston—. ¡Aceptado, aceptado! Yo haré todo lo que pueda. Estoy pensando una adivinanza. ¿Qué tal una adivinanza?
—Bueno —respondió su hijo—, me temo que no sea gran cosa, pero seremos indulgentes… sobre todo con el que tenga el valor de empezar.
—No, no —dijo Emma—, me parece muy bien. Una adivinanza del señor Weston servirá para él y para el siguiente. DÃgala, por favor.
—A mà mismo no me parece muy ingeniosa —dijo el señor Weston—. Es demasiado fácil, pero ahà va. ¿Cuáles son las dos letras del alfabeto que expresan la perfección?