Emma
Emma El tiempo no la consolaba. Cuanto más reflexionaba sobre todo aquello más profundamente apenada se sentía. Nunca había estado tan abatida. Afortunadamente no le era necesario hablar; a su lado sólo iba Harriet, que también parecía de mal humor, cansada y sin ganas de hablar; y durante casi todo el camino Emma sintió que las lágrimas le corrían por el rostro, sin que ningún suceso la obligara a reprimir aquella expansión tan poco frecuente en ella.