Emma
Emma —Pronto tendré noticias suyas —continuó diciendo la señora Weston—. Al irse me dijo que me escribirÃa en seguida; y lo dijo de una manera que parecÃa prometerme que darÃa muchos detalles más que entonces no tenÃa tiempo de aclarar. Por lo tanto esperemos esta carta. Quizá contenga muchos atenuantes. Quizás entonces podamos comprender y excusar muchas cosas que ahora nos resultan incomprensibles. No seamos severas, no tengamos tanta prisa por condenarle. Tengamos paciencia. Yo le quiero; y ahora que ya me has tranquilizado sobre una cuestión que me preocupaba, una cuestión muy concreta, deseo con toda mi alma que todo termine bien y no pierdo la esperanza de que asà sea. Los dos tienen que haber sufrido mucho en medio de tantos secretos y tantos disimulos.
—¿Sufrir él? —replicó Emma secamente—. No parece que todo esto le haya hecho mucha mella. Bueno, ¿y cómo se lo tomó el señor Churchill?