Emma
Emma —Bueno, querida Emma, me obligas a salir en defensa suya; porque aunque en este caso haya obrado mal, le conozco lo suficiente para poder tener la seguridad de que posee muchas, pero que muchas buenas cualidades; y…
—¡Cielo Santo! —exclamó Emma interrumpiendo a su amiga. Y además lo de la señora Smallridge! ¡Jane que estaba a punto de irse a trabajar como institutriz! ¿Qué pretendÃa con esa horrible falta de delicadeza? ¡Consentirle que se comprometiera a ponerse a trabajar…! ¡Consentirle que incluso pensara en tomar una decisión como ésta!
—Frank no sabÃa nada de todo esto, Emma. En ese asunto sà que tengo que justificarle. Fue una decisión que tomó ella por sà misma… sin comunicárselo a Frank… o por lo menos sin comunicárselo de un modo resuelto… Hasta ayer sé que él dijo que no sabÃa nada de los planes de Jane. Se enteró, no sé cómo… debió de ser por alguna carta o por alguien que se lo dijo… y al saber lo que ella iba a hacer, al enterarse de este proyecto, fue cuando se determinó a descubrirlo todo en seguida, a confesarlo todo a su tÃo y a acogerse a su bondad, y en resumen a poner fin a esta lamentable situación de engaños y disimulos que ya habÃa durado tanto tiempo.
Emma empezó a escuchar con más atención y sosiego.