Emma
Emma —Y ¿cómo podÃa ella tolerar una conducta semejante? ¡Verlo todo con tanta sangre frÃa! ¡Ver cómo se tenÃan constantes atenciones a otra mujer, en presencia suya, sin demostrar nada! ¡Éste es un tipo de impasibilidad que no puedo ni comprender ni respetar!
—HabÃa desavenencias entre ellos, Emma; él lo ha dicho con toda claridad. No ha tenido tiempo de dar muchas explicaciones. Sólo ha estado aquà un cuarto de hora, y su excitación no le permitÃa aprovechar el poco tiempo de que disponÃa… pero que habÃa desavenencias entre ellos lo ha dicho explÃcitamente. Parece ser que ésta ha sido la causa de esta crisis de ahora; y las desavenencias posiblemente surgieron debido a lo impropio de su proceder.
—¡Impropio! ¡Oh, querida, eres muy benigna al censurarle! ¡Mucho peor que impropio, mucho peor! Ha sido algo que le ha desmerecido tanto a mis ojos… ¡Oh, tanto…! ¡Es tan indigno de un hombre hacer una cosa semejante! Es algo tan opuesto a la honradez inflexible, a la fidelidad a la verdad y a los buenos principios, al desdén por el engaño y la ruindad que debe demostrar siempre un hombre en todas las situaciones de su vida…!