Emma
Emma —Pero ¿crees de veras que este asunto ha sido llevado tan en secreto como dice…? Los Campbell, los Dixon… ¿ninguno de ellos sabÃa nada de su compromiso?
Emma no podÃa citar el nombre de Dixon sin un ligero rubor.
—Nadie; nadie lo sabÃa. Insistió en que no lo sabÃa absolutamente nadie, salvo ellos dos.
—Bueno —dijo Emma—, supongo que ya nos iremos acostumbrando poco a poco a la idea, y les deseo que sean muy felices. Pero siempre pensaré que el suyo ha sido un proceder odioso. ¡Ha sido algo más que toda una red de hipocresÃas y de engaños… de intrigas y de falsedades! Presentarse aquà fingiendo espontaneidad, sinceridad… y haber urdido toda esa combinación en secreto para poder conocernos y juzgarnos a todos… Durante todo el invierno y toda la primavera hemos vivido completamente engañados, imaginando que éramos todos igualmente sinceros y francos mientras habÃa entre nosotros dos personas que se comunicaban sin que nadie lo supiera, que comparaban y juzgaban sobre sentimientos y palabras de las que nunca hubieran debido enterarse ambos… Ahora tienen que atenerse a las consecuencias si han oÃdo hablar el uno del otro de un modo no del todo agradable…