Emma
Emma —Eso no me preocupa lo más mÃnimo —dijo la señora Weston—. Estoy completamente segura de que nunca he dicho nada a uno de los dos respecto al otro que los dos no pudieran oÃr.
—Tienes suerte… yo fui la única que me enteré de tu error… cuando imaginaste que cierto amigo nuestro estaba enamorado de esta señorita.
—SÃ, cierto. Pero como siempre he tenido muy buena opinión de la señorita Fairfax, ningún error ha podido hacerme hablar mal de ella; y en cuanto a criticarle a él, de eso jamás he sentido la menor tentación.
En aquel momento apareció el señor Weston a cierta distancia de la ventana, evidentemente vigilando lo que ocurrÃa. Su esposa le invitó a entrar con un ademán; y mientras él iba a dar la vuelta, la señora Weston añadió: