Emma
Emma —¡Vaya! Veo que me ha gastado una buena broma… Supongo que todo eso estaba destinado a excitar mi curiosidad y ejercitar mis dotes de adivinación. Pero la verdad es que me asustó usted. Yo ya creÃa que por lo menos habÃa perdido la mitad de su fortuna. Y ahora resulta que en vez de ser una cosa como para consolarles, es algo que merece que le den la enhorabuena… Señor Weston, le doy mi enhorabuena de todo corazón porque va usted a tener por nuera a una de las jóvenes más encantadoras y de mejores prendas de toda Inglaterra.
Una mirada o dos que cambiaron marido y mujer acabaron de convencerle de que todo iba tan bien como parecÃan proclamar aquellas palabras; y el beneficioso efecto de esta convicción se dejó sentir inmediatamente en su estado de ánimo. Su porte y su voz recobraron su habitual jovialidad. Lleno de gratitud, estrechó cordialmente la mano de la joven, y empezó a hablar de la cuestión en un tono que demostraba que ahora sólo necesitaba tiempo y persuasión para creer que aquel compromiso matrimonial después de todo no era una cosa demasiado mala. Ellas sólo le sugirieron lo que podÃa paliar la imprudencia y suavizar las dificultades; y una vez hubieron hablado de ello todos juntos, y el señor Weston hubo vuelto a hablar con Emma en el camino de regreso a Hartfield, se acostumbró totalmente a la idea y llegó a no estar lejos de pensar que habÃa sido lo mejor que Frank hubiese podido hacer.