Emma
Emma —Tengo esperanzas —siguió él— de poder convencer a mi tÃo para que venga a Randalls; quiere que le presente a Jane. Cuando hayan vuelto los Campbell nos reuniremos todos en Londres y espero que sigamos allà hasta que podamos llevárnosla al norte… pero ahora estoy tan lejos de ella… ¿Verdad que es penoso señorita Woodhouse? Hasta esta mañana no nos habÃamos visto desde el dÃa de la reconciliación. ¿No me compadece?
Emma le expresó su compasión en términos tan efusivos que el joven en un súbito exceso de alegrÃa exclamó:
—¡Ah, a propósito! —Y entonces bajó la voz y se puso serio por un momento—. Espero que el señor Knightley siga bien.
Hizo una pausa… ella se ruborizó y se echó a reÃr.
—Ya sé —dijo— que leyó mi carta y supongo que recuerda el deseo que formulé para usted. Permita que ahora sea yo quien la felicite… le aseguro que al recibir la noticia he sentido un gran interés y una inmensa satisfacción… es un hombre de quien nunca se podrá decir que se le elogia demasiado.
Emma estaba encantada y sólo deseaba que él siguiese por aquel camino; pero al cabo de un momento el joven volvÃa a sus asuntos y a su Jane. Y las palabras siguientes fueron: