Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Elinor creyó que era lo más sensato no tocar más el asunto. ConocÃa el carácter de su hermana. Oponerse a una cuestión tan delicada no harÃa sino reafirmarla aún más en su propia idea. En cambio, apelando al cariño que sentÃa por su madre, haciéndole ver los trastornos que a esa madre indulgente iba a crearle consentir (como probablemente ocurrirÃa) a este aumento de servidumbre, Marianne no tardó mucho en sucumbir; prometió no tentar a su madre mencionando la oferta e induciéndola a una cortesÃa tan imprudente, y decirle a Willoughby en cuanto volviera a verle que su ofrecimiento debÃa ser declinado.
Fue fiel a su palabra; y cuando Willoughby se presentó aquel mismo dÃa en la casa, Elinor la oyó expresar en voz baja su desilusión por verse obligada a no aceptar su regalo. Las causas de esta alteración se expusieron simultáneamente, de tal manera que a él le fue imposible insistir en súplicas por su parte. Su preocupación, no obstante, fue muy patente; y después de manifestarla con solemnidad añadió, aún en voz baja:
—Pero, Marianne, el caballo no deja de ser tuyo, aunque ahora no puedas hacer uso de él. Yo lo conservaré sólo hasta que puedas reclamarlo. Pero, cuanto te vayas de Barton para formar tu propia casa en un hogar más duradero, Reina Mab[3] te estará esperando.