Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Tan pocos deseos tenÃa de despertar de un sueño asà de feliz que apenas comprendÃa las tristes verdades que todo ello acarreaba; y durante un rato rehusó resignarse a ellas. Lo del gasto de un nuevo sirviente iba a ser una minucia; estaba segura de que mamá nunca le pondrÃa pegas; de que para ese mozo cualquier caballo servirÃa; siempre podÃa conseguir uno en la finca; y en cuanto al establo, no necesitaba más que un simple cobertizo. Elinor se atrevió entonces a poner en duda la propiedad de recibir un regalo de esta naturaleza de un hombre al que conocÃa tan poco, o al menos al que conocÃa desde hacÃa tan poco tiempo. Esto fue demasiado.
—Estás equivocada, Elinor —dijo Marianne, acalorada—, si piensas que conozco muy poco a Willoughby. No hace mucho que le conozco, cierto es, pero estoy más familiarizada con él que con cualquier otro ser en el mundo, salvo mamá y tú. No es el tiempo ni la ocasión lo que determinan la intimidad: es únicamente la disposición. Siete años serÃan pocos para que ciertas personas se conocieran bien mutuamente, y siete dÃas bastan de sobra para otras. Me sentirÃa más culpable de faltar al decoro si aceptara un caballo de mi hermano que aceptándolo de Willoughby. A John le conozco muy poco, aunque hayamos vivido juntos durante años; en cambio, mi juicio sobre Willoughby lleva tiempo formado.