Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento 
A la mañana siguiente, mientras paseaban, Marianne comunicó una pequeña noticia a su hermana, que, a pesar de todo cuanto ésta supiera con anterioridad de su imprudencia y falta de reflexión, la sorprendió por su extravagante testimonio de ambas. Marianne le contó, con el mayor deleite, que Willoughby le había regalado un caballo, uno que él personalmente había criado en sus propiedades de Somersetshire, y que estaba expresamente concebido para que lo montara una mujer. Sin tener en cuenta que no estaba en los planes de su madre mantener un caballo ni que, en el caso de que ésta alterase sus resoluciones en virtud de este obsequio, iba a tener que comprar otro para el mozo, y mantener a un mozo para montarlo, y finalmente construir un establo para guardarlos a ambos, Marianne había aceptado el presente sin vacilación, y se lo contó a su hermana en medio de grandes arrebatos.
—Tiene intención de enviar a su mozo a Somersetshire inmediatamente a buscarlo —añadió—, y cuando llegue, montaremos todos los días. Tú lo compartirás conmigo. Imagina, querida Elinor, el placer de galopar por esas colinas.
