Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —¡Oh! Tiene que volver y volverá —exclamó sir John—. Si no está aquà a fines de semana, iré a buscarlo yo mismo.
—SÃ, hágalo, sir John —exclamó la señora Jennings—, y entonces quizá averigüe cuál es ese negocio.
—No quiero entrometerme en los asuntos de los demás. Supongo que es algo de lo que se avergüenza.
Se anunció que los caballos del coronel Brandon estaban preparados.
—No irá usted a la ciudad a caballo, ¿verdad? —preguntó sir John.
—No. Sólo hasta Honiton. Allà tomaré la posta.
—Bueno, ya que está decidido a partir, le deseo buen viaje. Pero mejor serÃa que cambiara de idea.
—Le aseguro que no está en mi mano.
A continuación se despidió de todo el grupo.
—¿Hay alguna posibilidad de verla a usted y a sus hermanas este invierno en la ciudad, señorita Dashwood?
—Me temo que ninguna.
—Entonces debo despedirme de usted para mucho más tiempo del que desearÃa.
A Marianne simplemente le hizo una reverencia, sin decirle nada.