Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —Vamos, coronel —dijo la señora Jennings—, antes de irse, dÃganos lo que va a hacer.
El coronel le dio los buenos dÃas y, acompañado de sir John, salió de la estancia.
Las quejas y lamentaciones que hasta el momento la cortesÃa habÃa constreñido estallaron entonces con toda libertad; y todos coincidieron una y otra vez en lo irritante que resultaba haber sufrido tamaña decepción.
—De todos modos, puedo imaginarme qué negocio es ése —dijo la señora Jennings, exultante.
—¿De verdad, señora? —dijeron casi todos.
—SÃ; se trata de la señorita Williams, sin duda.
—Y ¿quién es la señorita Williams? —preguntó Marianne.
—¡Cómo! ¿No sabe quién es la señorita Williams? Estoy segura de que ha oÃdo hablar de ella. Es una pariente del coronel, querida: una pariente muy cercana. No diremos hasta qué punto para no impresionar a las jovencitas —entonces, bajando un poco la voz, le dijo a Elinor—: es su hija natural.
—¡Qué me dice!
—¡Oh, sÃ! Y no puede parecérsele más. Me atreverÃa a decir que el coronel le dejará toda su fortuna.