Juicio y sentimiento

Juicio y sentimiento

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Cuando volvió sir John, se sumó con todo entusiasmo a las protestas generales sobre tan desafortunado suceso; concluyó, sin embargo, señalando que, ya que estaban todos reunidos, debían hacer algo para divertirse; y tras algunas consultas se acordó que, aunque la felicidad sólo podía obtenerse en Whitwell, podían recrear aceptablemente sus espíritus dando un paseo en coche por el campo. Se mandó, pues, disponer los carruajes; el de Willoughby llegó el primero, y Marianne nunca había parecido tan feliz como cuando se subió a él. Willoughby tomó las riendas y cruzó rápidamente las tierras de la finca, y no tardaron en perderse de vista; y nada se supo de ellos hasta que volvieron, lo cual no ocurrió hasta que ya habían vuelto todos los demás. Los dos parecían encantados de su paseo, pero sólo dijeron muy en general que no habían salido de las veredas, mientras que los demás habían subido hasta las colinas.

Se decidió que por la noche habría baile, y que todo el mundo debía divertirse de lo lindo hasta entonces. Algunos Carey más fueron a cenar, y tuvieron el placer de ser casi veinte a la mesa, cosa que sir John observó con sumo deleite. Willoughby ocupó su sitio habitual entre las dos Dashwood mayores. La señora Jennings se sentó a la derecha de Elinor; y no llevaban mucho tiempo en la mesa cuando dicha señora se asomó por delante de ella y de Willoughby y le dijo a Marianne, en voz bastante alta para que ambos lo oyeran:


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