Juicio y sentimiento

Juicio y sentimiento

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—Les he descubierto a pesar de todas sus triquiñuelas. Sé dónde han pasado la mañana.

Marianne se sonrojó y, con gran inquietud, dijo:

—¿Dónde, se lo ruego…?

—¿No sabía usted —dijo Willoughby— que hemos salido en mi calesa?

—Sí, sí, señor atrevido, lo sé muy bien, y me había propuesto averiguar adónde habían ido… Espero que le guste su casa, señorita Marianne. Sé que es muy grande, y, cuando yo vaya a verla, espero que hayan comprado muebles nuevos, porque, cuando estuve hace seis años, los necesitaba.

Marianne le dio la espalda muy azorada. La señora Jennings se reía con fruición; y Elinor descubrió que en su empeño por enterarse de dónde habían estado, había interrogado con sus artes de mujer al mozo del señor Willoughby, y que por este método se había informado de que la pareja había ido a Allenham, y pasado allí un buen rato paseando por los jardines y viendo toda la casa.

Elinor apenas podía creerse que tal cosa fuera verdad, pues parecía muy improbable que Willoughby propusiera, o que Marianne aceptara, entrar en la casa mientras estuviera en ella la señora Smith, a quien Marianne nunca había sido presentada.


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