Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Elinor veía, con preocupación, el exceso de sensibilidad de su hermana; pero la señora Dashwood lo valoraba y apreciaba. Ahora, en la violencia de su aflicción, se daban alas la una a la otra. El pesar y la agonía que se cernieron al principio sobre ellas fueron voluntariamente renovados, perseguidos, creados y recreados. Se abandonaron totalmente al dolor, buscando nuevas desdichas en cualquier pensamiento que pudiera originarlas, y se resolvieron igualmente a no aceptar ningún consuelo en el futuro. También Elinor estaba profundamente afligida; pero aún podía luchar, podía hacer un esfuerzo. Fue capaz de aconsejarse con su hermano, de recibir a su cuñada cuando llegó, y de tratarla con la debida atención; y llegó a conseguir que su madre se animara a hacer un esfuerzo parecido, y a tener una paciencia parecida.
Margaret, la otra hermana, era una muchacha de buen talante y buena disposición; pero, como se había embebido ya de buena parte de las fantasías de Marianne, sin tener gran parte de su juicio, no permitía, a sus trece años, concebir esperanzas de igualar a ninguna de sus hermanas en una época más avanzada de la vida.