Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —Marianne —exclamó su hermana—, ¿cómo puedes decir una cosa as� ¿Cómo puedes ser tan injusta? Son una familia muy respetable, señor Ferrars; y se han portado con nosotras con la mayor cordialidad. ¿Has olvidado, Marianne, cuántos buenos ratos les debemos?
—No —dijo Marianne, en voz baja—, ni cuántos malos.
Elinor no oyó estas palabras, y, dirigiendo su atención al visitante, se esforzó en sostener algo parecido a una conversación hablándole de su residencia actual, de sus alicientes…, y arrancándole de vez en cuando algunas preguntas y observaciones. La frialdad y la reserva de Edward la mortificaban severamente; estaba irritada y medio enfadada; pero, decidida a medir su conducta mirando al pasado antes que al presente, evitó todo indicio de resentimiento o disgusto, y le dispensó el trato que creÃa que se le debÃa por su parentesco con la familia.