Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —¡Oh, no podrÃa ocurrirles nada mejor! ¡Qué hermano en el mundo harÃa por sus hermanas, incluso por sus verdaderas hermanas, ni la mitad! Y siendo como son… ¡sólo consanguÃneas! En cambio, tú… ¡tienes un alma tan generosa!
—No quisiera ser mezquino —repuso él—. En casos como éste es preferible hacer demasiado que demasiado poco. Nadie, al menos, podrá decir que no he hecho bastante por ellas: ni siquiera ellas mismas podrÃan esperar más.
—Nada se sabe de lo que ellas puedan esperar —dijo la dama—, pero nosotros no tenemos por qué atenernos a sus expectativas: lo que cuenta es lo que tú puedes permitirte hacer.
—En efecto… y creo que puedo permitirme darles quinientas libras a cada una. AsÃ, sin añadir otra cantidad por mi parte, tendrán cada una más de tres mil libras a la muerte de su madre… una fortuna muy holgada para una jovencita.
—Claro que sÃ: y, de hecho, se me ocurre que a lo mejor no necesitan nada más. Tendrán diez mil libras en conjunto. Si se casan, ya cuidarán de hacerlo bien, y, si no, pueden vivir juntas muy holgadamente con el interés de diez mil libras.