Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —No debe usted hacerme demasiadas preguntas, Marianne… Recuerde que carezco de conocimientos sobre lo pintoresco, y voy a ofenderla con mi ignorancia y mi falta de gusto si nos entretenemos en los detalles. De las colinas diré que son empinadas, cuando deberÃa decir que son escarpadas; de las superficies, que son raras y poco frecuentadas, cuando deberÃa decir irregulares y escabrosas; y de los objetos distantes, invisibles, cuando sólo deberÃan ser indistinguibles en medio de la suave bruma de la atmósfera. Tendrá que contentarse con los sentimientos de admiración que honradamente puedo expresar. Digo que es una región muy bonita: las colinas son empinadas, los bosques parecen llenos de bonitos árboles, y el valle tranquilo y resguardado… con ricos prados y unas cuantas granjas diseminadas aquà y allá. Responde con exactitud a mi idea de una bonita región campestre, porque une belleza y utilidad… y me atreverÃa a decir que es también pintoresca, porque usted la admira; no me es difÃcil creer que esté llena de peñascos y promontorios, musgo gris, maleza, pero éstas son cosas que a mà me pasan desapercibidas. No entiendo nada en materia de pintoresquismo.
—Me temo que tenga mucha razón —dijo Marianne—; pero ¿a qué jactarse de ello?