Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Ésta le respondió brevemente. El semblante de Marianne era más comunicativo. Edward vio lo suficiente para comprender, no sólo lo que los otros querían decir, sino aquella expresión de Marianne que antes le había desconcertado; y, cuando las visitas se marcharon, se acercó inmediatamente a ella y en un susurro le dijo:
—He estado haciendo adivinaciones. ¿Se las cuento?
—¿Qué quiere decir?
—¿Se lo digo?
—Desde luego.
—Pues bien: adivino que el señor Willoughby es un cazador.
Marianne quedó sorprendida y perpleja, pero no pudo dejar de sonreír ante la discreta malicia de esta reacción, y, tras un breve silencio, dijo:
—¡Oh, Edward! ¿Cómo se le ocurre…? Aunque con el tiempo espero… Estoy segura de que le gustará.
—No lo dudo —respondió él, bastante confundido por la seriedad y emoción de sus palabras; pues, si no hubiera pensado que era una broma al uso con la que se divertían sus conocidos, basada únicamente en que hubiera algo o no hubiera nada entre ella y el señor Willoughby, no se habría atrevido a despegar los labios.