Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —La consecuencia de lo todo ello será, supongo —dijo la señora Dashwood—, visto que el ocio no le ha procurado la felicidad, que sus hijos serán educados para tantos intereses, empleos, profesiones y oficios como los de Columella[4].
—Serán educados —dijo él, en un tono grave— para ser en todo lo que se pueda distintos a mÃ. En sentimientos, obras, carácter… en todo.
—Vamos, vamos; todo esto no son más que desmanes de su presente desánimo, Edward. Está triste y melancólico, y se imagina que todo el que no es como usted tiene que ser feliz. Pero recuerde que de vez en cuando todo el mundo se pone triste al despedirse de sus amigos, sea cual fuere su estado o profesión. Conozca su propia felicidad. No necesita más que paciencia: o, si quiere darle un nombre más sugestivo, diga esperanza. Con el tiempo su madre le concederá esa emancipación que tanto anhela; es su deber, y habrá de hacerla feliz, dentro de poco, y se lo hará, impedir que eche a perder usted toda su juventud en esa amarulencia. ¿Qué no pueden hacer unos pocos meses?
—Me parece —repuso Edward— que van a tener que pasar muchos meses antes de que ocurra algo bueno para mÃ.